La historia de cómo acabamos en Yibuti

21 de abril de 2019. Nuestro viaje a Sudáfrica terminaba y era hora de volver a casa. Nos esperaba un larguísimo viaje que comenzaba en Hermanus con una hora y media de camino en coche hasta el Aeropuerto Internacional de Ciudad del Cabo.

Nos levantamos a las 6 de la mañana para ir con tiempo y a las 10:10 cogimos un avión de Ciudad del Cabo a Johannesburgo. Tras una breve parada, a las 14:10 tomamos nuestro vuelo con destino Madrid.

La llegada a Madrid estaba prevista a las 05:20 del día 22 de abril, por lo que en total serían casi 24 horas viajando. De Johannesburgo teníamos unas 6 horas a Etiopía (donde haríamos otra escala) y ya desde ahí otras 6 horas hasta llegar a casa.

Tanto a la ida como a la vuelta viajábamos con Ethiopian Airlines. Los dos vuelos de ida fueron cómodos y no tuvimos ningún problema, por lo que a la vuelta íbamos relajados viendo una película tranquilamente.

Cuando ya habían pasado 6 horas empezamos a aterrizar, ¡por fin habíamos llegado a Etiopía! ¡ya quedaba menos! Sin embargo, cuando el avión se detuvo y nos levantamos a por las maletas un chico que estaba sentado junto a nosotros nos dijo: relajaos porque no estamos en Etiopía.

What??? Si, si, que han dicho antes por megafonía que no se podía aterrizar allí y nos han traído a Yibuti. ¿Y dónde coño está Yibuti?

Sinceramente ni sabíamos de la existencia de Yibuti (suspendo en Geografía!). La incertidumbre era máxima y los minutos pasaban sin que nos bajasen del avión y sin que la tripulación nos diese más información. ¿Qué había pasado? ¿Cuánto tiempo íbamos a estar metidos en ese avión?

La gente se iba agobiando y las azafatas trataban de huir de las preguntas incómodas de los pasajeros. Mientras tanto nosotros nos pusimos a trastear con la pantalla que había frente a nuestro asiento (si, esa que te ponen para ver pelis, escuchar música o jugar a algún juego) porque tenía una simulación del viaje con un mapa que mostraba la ubicación. ¡Finalmente averiguamos dónde está Yibuti!

Por lo menos ya sabíamos dónde estábamos. El siguiente problema era que nuestra conexión a Madrid salía en apenas dos horas y cada vez veíamos menos probable que llegásemos a tiempo.

Empezó a correr el rumor de que no habíamos podido aterrizar debido a una tormenta y que estábamos esperando a que las condiciones meteorológicas mejorasen en Etiopía. Eso nos daba algo de esperanza, y es que si no se podía aterrizar, seguramente tampoco pudiese despegar el vuelo a Madrid.

Estuvimos más de cuatro horas metidos en el avión. Fue una situación muy extraña, ya que no es lo mismo ver pasar las horas mientras avanzas hacia tu destino, que estar metidos ahí sin ver el final del túnel. Además tuvimos la “suerte” de tener a un gigante troglodita sentado delante de nosotros dando saltos, robando comida y echando el asiento hacia atrás mientras enseñaba sus asquerosos pies a todo el avión y robaba comida del carrito de las azafatas. Todo un espectáculo.

Finalmente despegamos y llegamos a Etiopía sanos y salvos a eso de las 2 de la madrugada. Salimos rápidamente del avión con la esperanza de que nuestra conexión no se hubiera marchado, pero no hubo suerte… Al parecer mientras aterrizábamos nos cruzamos en pista con nuestro avión despegando a Madrid. ¿No podían haber esperado media hora más?

Un operario del aeropuerto nos indicó que fuéramos a un mostrador y que allí nos asignarían otro vuelo. Habría unas 100 personas esperando, pero al menos había 4 trabajadores atendiendo. Pensamos que con un poco de suerte iría rapidito, pero que equivocados estábamos…

La cola no podía considerarse una fila como tal, sino una aglomeración de personas cansadas y enfadadas intentando llegar al mostrador a empujones para acabar lo antes posible. ¡Tonto el último!

Una chica gritaba a uno de los que atendían diciendo que llevaba horas ahí de pie y que estaba embarazada. Estuvo gritando como 15 minutos hasta que consiguió que la hicieran caso. Mientras, nosotros tratábamos de averiguar cuando era el siguiente vuelo a Madrid junto a decenas de españoles que estaban en la misma situación que nosotros.

Muchos teníamos prisa para volver por trabajo o por la universidad, pero las opciones que vimos no eran muy alentadoras. La opción más corta era tomar un vuelo a Frankfurt (Alemania) y de ahí otro a España, y otra opción era esperar al siguiente vuelo directo a Madrid. Con la vía alemana llegabas unas 40 horas después de lo previsto, y con la vía etíope eran 48 horas, pero dabas menos de vuelta. Decidimos tomar la segunda opción.

Fueron nada menos que 4 horas apretados en una cola pasando calor, de pie y viendo la inutilidad de los trabajadores de Ethiopian Airlines. No he visto algo igual en mi vida. Estuvimos tanto tiempo que hasta cambiaron de turno varias veces.

Conseguimos que nos asignaran el siguiente vuelo, pero aún necesitábamos que nos dieran el hotel para pasar dos noches en la capital etíope. La chica que me atendía en ese momento trataba de atender a 10 personas a la vez y no atendía a ninguna. La gente se colaba y a mi no era capaz de darme el alojamiento -“lo está gestionando mi compañero”-, mientras que a otros si se lo daba. Allí cada uno con su drama, a veces te reías por no llorar o matar a alguien. Fue de lo más frustrante.

Por fin nos dieron el hotel y pudimos avanzar a otra eterna cola con el control policial y a otra para que nos diesen el visado. Nos acabamos colando porque ya no estábamos dispuestos a seguir haciendo cola. Eran las 6 de la mañana y llevábamos 24 horas despiertos.

Salimos del aeropuerto sin maletas, solo con lo puesto, y sin saber que allí comenzaría una de las experiencias más enriquecedoras de nuestra vida. Pero eso es otra historia y pronto podréis leerla en un nuevo post.

Desde aquí queremos cagarnos literalmente en la gestión de incidencias de Ethiopian Airlines. Creo que es difícil dar un servicio peor. Y ya han pasado dos meses y hoy nos han respondido al email enviándonos un justificante que solicitamos para que el seguro nos indemnice por las molestias. ¿En serio dos meses para contestar a un email?

Y a todo esto, ¿sabíais que Yibuti (Djibouti) es uno de los países más codiciados por las grandes potencias? Y no, no es por sus recursos, allí no hay gas, petróleo, ni tierras que explotar, lo que tiene Yibuti es una localización estratégica en un estrecho marítimo por el que navega el 25% de las exportaciones mundiales, en la ruta que conecta los mercados asiáticos con el mar Mediterráneo. Yibuti alberga bases militares de Francia, Italia, Estados Unidos, Japón, China y Arabia Saudí, siendo el país que tiene el mayor número de ejércitos extranjeros con presencia permanente.

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