Un día en Addis Abeba

Perdiendo el vuelo a Madrid o como hacerte amigo de la adversidad

Este es un artículo que nunca pensé que haría, ya que visitar esta ciudad nunca estuvo en nuestros planes y la manera de llegar a ella fue una completa casualidad. Eso sí, toda una aventura.

Nuestro recorrido por Sudáfrica acababa de terminar (tenéis todos los artículos en la web) y volábamos de Johannesburgo a Madrid con Ethiopian Airlaines haciendo una breve escala en Addis Abeba (Etiopía). Todo se complicó cuando, debido a malas condiciones meteorológicas, nuestro avión no pudo aterrizar en Addis Abeba y tuvo que hacerlo en Yibuti (también tenéis un artículo sobre este país). Cuando aterrizamos en aquel pequeño y desconocido lugar para nosotros, ni si quiera sabíamos que estábamos ahí, todo el mundo pensaba que habíamos llegado a nuestro destino y se levantaba de su asiento con la intención de bajar del avión, pero faltaba mucho para que eso pasara. Después de tres horas sentados en el incómodo asiento sin que nadie nos dijese qué pasaba o qué íbamos a hacer, la gente empezaba a estar nerviosa y a ponerse muy maleducada. Pero por fin el avión volvió a despegar y llegó a Addis. Pero claro, ya iban más de 4 horas de retraso y el avión que deberíamos haber cogido a Madrid ya había despegado. A todos los que iban en nuestro avión les había pasado lo mismo y habían perdido sus respectivas conexiones, así que se formó una aglomeración de gente cansada, indignada y preocupada que no sabía qué hacer ni cuando podría coger el siguiente avión.

Nadie nos decía nada y un rato después nos enteramos de que ahí mismo abrirían unos mostradores para darnos un billete de avión nuevo y un hotel si fuera necesario. Aquello era un espanto, no se formaban colas sino marabuntas de gente peleándose por llegar primeros al mostrador. Nosotros tardamos más de tres horas en conseguir superar la cola y cuando llegamos al mostrador tardaron una hora más en darnos un billete de avión que saldría dos días después y un hotel en Addis Abeba.

Con nuestro billete en mano tocaba salir del aeropuerto y ¡qué odisea! tuvieron que hacernos un visado temporal y tuvimos que pasar varios controles con interminables colas hasta conseguir llegar al hall. Por supuesto las maletas no nos las dieron, así que solo disponíamos de la mochilita de mano con la que viajábamos en cabina. Cogimos el transfer del hotel junto con otra pareja y ¡por fin! íbamos a poder descansar.

Debredamo Hotel

Nos llevaron al Debredamo hotel y rápidamente nos dimos cuenta de que era el hotel que utilizaba la compañía Ethiopian Airlines para alojar a todos los que perdían sus vuelos. El hotel en sí estaba bien pero las habitaciones eran bastante cutres y no tenían ni toallas ni gel, ni champú y esas cosas básicas que si no dispones de tu maleta necesitas para asearte.

Eso sí, la comida de ese hotel es la peor que he probado en mi vida. De verdad. Sin lugar a dudas, la peor. No había quien comiese nada ahí. Y es verdad que teníamos pensión completa, pero en ese hotel era como no tener nada.

Estábamos tan cansados que todo ya nos daba igual y solo queríamos dormir, así que eso hicimos. Cuando abrimos el ojo eran ya las 5 de la tarde. Queríamos unas SIM para el móvil porque el wifi del hotel era prácticamente inexistente y también necesitábamos algo de ropa interior, por lo que salimos a explorar la zona. Fue muy impactante el cambio de Sudáfrica a Etiopía.

Addis Abeba

En Addis Abeba hay grandes edificios, carreteras y muchísimos coches, pero también hay una pobreza asombrosa que se podía ver en cuanto salías del hotel, en cada esquina que mirabas. Fuimos andando a una especie de centro comercial donde pudimos comprar la ropa interior y encontramos una tiendecita donde decían que nos vendían las tarjetas SIM. Costaban muy muy baratas pero tardaron más de una hora en ponérnoslas y creímos entender que iba a tardar media hora en funcionar. Nunca funcionó. Salimos del centro comercial y nos dimos cuenta de que sin internet y GPS no íbamos a llegar a ninguna parte, por lo que volvimos al hotel. Ahí vimos a todas las parejas con las que habíamos compartido cola en el aeropuerto, algunas estaban poniendo miles de reclamaciones a Ethiopian Airlines por la mala gestión del incidente, otras se resignaban a ver el tiempo pasar hasta que llegara la hora de coger de nuevo el avión, pero ninguna se planteaba salir a conocer la ciudad. No les llamaba la atención y pensaban que era peligrosa.

Hotel Sheraton

Nosotros decidimos que después de todo lo que habíamos pasado para llegar hasta ahí era un sacrilegio no hacer el esfuerzo de ver que tenía que ofrecer. Buscamos en Google y vimos que había un hotel muy famoso y muy lujoso, el Hotel Sheraton, que era muy bonito y tenía buenos restaurantes y nosotros teníamos mucha hambre y en el hotel en el que estábamos no pensábamos volver a probar la comida, así que nos pareció el lugar perfecto para ir a cenar.

Para llegar al Sheraton pedimos un taxi en la recepción de nuestro hotel y tuvimos que negociar con un taxista gruñón porque quería cobrarnos bien caro (luego seríamos conscientes del timo). El Sheraton nos sorprendió. El edificio era precioso y realmente muy lujoso. Tiene varios restaurantes, una fuente en el patio inmensa y ¡Wifi!. Decidimos cenar en el restaurante italiano (había uno indio al lado) y comimos muy rico y a precio de italiano de España, pero mereció la pena. También nos tomamos una cervecita en una de las terrazas mientras veíamos a la gente darse un rico baño en la piscina.

Un taxi en Addis Abeba

Después de comer rico y descansar ya estábamos más animados y teníamos ganas de seguir conociendo Addis Abeba, así que pedimos información de la ciudad en la recepción del hotel (en el nuestro no eran muy simpáticos que digamos) para ver qué podíamos hacer al día siguiente. Cogimos un taxi de vuelta a nuestro hotel y esta vez el taxista fue muy amable y el viaje mucho más barato. Hablaba bastante bien inglés y nos explicó que en nuestro hotel tenían convenio con taxistas para cobrar extra a los turistas. Nos dio confianza, así que le preguntamos que si nos haría un tour por la ciudad al día siguiente. Nos dijo que encantado nos iría a buscar al hotel a las 10:00, nos enseñaría la ciudad y nos llevaría de vuelta después de comer ¡solo por 30 euros!. Nos pareció un precio muy razonable y la mejor opción que teníamos para conocer la ciudad dadas nuestras circunstancias.

Al día siguiente, como habíamos pactado, vino a buscarnos Deress, el simpático taxista, al parking que había en la parte trasera de nuestro hotel. Según nos montamos en el coche los guardas echaron la barrera y no nos dejaron salir. Le hicieron un control anti-bombas al coche y le pidieron que dejase su acreditación de taxista en la recepción del hotel. Deress se enfadó mucho y los del hotel empezaron a preguntarnos que si nos fiábamos de este taxista, que podía ser peligroso ¡nos metieron el miedo en el cuerpo! Aún así fuimos valientes y dijimos que nos íbamos con él, con un poco de suerte saldríamos vivos de esta…

Por fin empezamos la ruta y lo primero que hicimos fue ir a tomar un café típico etíope a una cafetería muy pequeñita y muy mona en la que el propio Deress nos invitó. Luego nos subimos al taxi y subimos al monte Entoto, que es el pico más alto de la ciudad y tiene increíbles vistas a la capital de Etiopía. Alcanza los 3200 metros sobre el nivel del mar y es parte de la cadena montañosa homónima. En este monte también se encuentra la iglesia de Maryam, un templo ortodoxo dedicado a la virgen María. La verdad es que la iglesia es curiosa de ver, con una forma poco habitual y muchos colores, pero el museo que tiene al lado es una mierda. Prácticamente nos obligaron a entrar pagando 5€ para ver un montón de cacharritos y supuestas reliquias que pertenecieron al rey de Etiopía, un despropósito.

Iglesia de Maryam

Una vez visto todo bajamos y fuimos al Merkato, que es mercado más grande de Etiopía y también de África. Un lugar en el que, palabras del taxista “cualquier cosa puede comprarse y cualquier cosa puede venderse”, hasta la basura que encuentras por la calle es susceptible de ser vendida. Es un mercado de dimensiones estratosféricas dividido en secciones en en las que se vende un tipo de cosa. Desde el coche pudimos ver cientos y cientos de puestos de todos los tipos y colores y una multitud de gente comprando y vendiendo. Era tal caos que apenas se podía avanzar con el coche y bajarse habría sido un suicidio por el constante acoso de vendedores hacia los turistas.

Merkato

Deress nos contó que ahí se vendía hasta droga porque, aunque es ilegal, la policía no puede abarcar este infinito mercado y directamente no entran. ¡Es un lugar sin ley!

Cuando conseguimos salir de ahí, nos llevó a la tienda de un conocido suyo (donde se ve que lleva a todo el mundo) para comprar algún souvenir hecho de madera. No compramos nada y ¡por fin tocaba comer!. Nos llevó a Romina, un restaurante muy mono con una terraza bastante grande donde nos sentamos con él y pudimos probar comida típica etíope y aprender a comer con las manos. Es un poco guarro, pero fue divertido y la comida estaba buenísima. También pedimos una pizza que nos encantó.

Por último nos llevó, a petición nuestra, a una tienda para comprar café etíope para llevarnos a Madrid. ¡Qué delicia!

¡Y con esto había concluido nuestro tour por Addis Abeba! Nos llevó al hotel y nos despedimos de nuestro estupendo taxista Deress. Al final todo había salido genial. Fue muy interesante además porque nos enseñó las calles, la pobreza extrema de la ciudad y nos contó muchas curiosidades sobre la política y la sociedad etíopes. Es increíble ver las diferencias entre unos países y otros.

Nos dimos una buena ducha, descansamos un poquito y a las 21:00 estábamos esperando al transfer que nos llevaría del hotel al aeropuerto. Llegó 45 minutos tarde y ya estábamos preocupados por si perdíamos otro vuelo.

Al llegar al aeropuerto tuvimos que hacer un control para acceder al mismo, otro para pasar a la zona de puertas de embarque y un tercero porque si. Al final nos tuvieron que colar porque sino no llegábamos. ¡Qué desastre de país! Por suerte todo salió bien y nuestro avión partió a tiempo y sin más contratiempos.

Al final disfrutamos la experiencia y aunque al principio fue un fastidio total y la organización y gestión de Ethiopean Airlains fue absolutamente desastrosa, conseguimos verle el lado bueno y una oportunidad inesperada para conocer una nueva ciudad.

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