El Norte de Portugal

Descubrimos algunas maravillas muy cerquita de Oporto

Este verano decidimos ir a Portugal casi por casualidad. Flixbus, una compañía de autobuses low cost, hizo un sorteo y nos tocaron dos billetes de ida y vuelta a cualquiera de sus destinos. En Agosto teníamos unos días y de entre los posibles destinos el que más nos apetecía y menos horas de bus suponía era Oporto.

Oporto es una ciudad preciosa y no demasiado grande que se puede recorrer en pocos días. Nosotros teníamos 6 en total, así que decidimos visitar algunos lugares cercanos a Oporto y finalmente conocer esta ciudad.

Ahora, echando la vista atrás, me parece que organizamos muy bien el viaje porque Oporto es una ciudad muy disfrutable, pero los parques, playas y pueblecitos que lo rodean también son una preciosidad y una increíble opción para ir e verano. Aquí os contamos como sacarle el máximo partido a la zona Norte de Portugal.

Parque Nacional de Peneda-Gerês

Nuestra primera parada fue el Parque Nacional de Peneda-Gerês. Llegamos en autobús a Oporto a las 5 de la mañana y cogimos un taxi al aeropuerto (unos 20 minutos) para alquilar allí un coche (alquilarlo en el centro a esas horas era mucho más caro). Condujimos durante algo más de una hora y por fin llegamos a nuestro primer destino.

Peneda Gerês es el único Parque Nacional de Portugal y se extiende en más de 700km2 entre los que podrás encontrar macizos de granito, valles espectaculares, pueblecitos en los que perderse y un mar de naturaleza de donde no querrás salir.

Nosotros dedicamos dos días a visitar el parque, pero si te gusta la naturaleza y las actividades al aire libre, puedes dedicar muchos más. Nos alojamos en un hotelito rural precioso: el Casa do Eido – sustainable living & nature experiences. Nos gustó muchísimo, aunque estaba un poco alejado de Gerês, el “pueblo principal” donde hay más comercio, restaurantes y desde donde se accede más fácil a las rutas que hay para recorrer el parque. Aún así, el hotel nos encantó, el entorno es una maravilla, el hórreo con el sofá para leer que hay en el jardín, la piscina, la habitación con vistas, la paz y tranquilidad del lugar…. realmente hicieron que fuese una estancia maravillosa. Si vas varios días y vas a tomarte el viaje con calma, lo recomiendo muchísimo.

Disfrutando del hórreo en nuestro hotelito

En el parque se pueden hacer varias rutas caminando (nosotros hicimos una que contaré más adelante) pero también se puede recorrer muy bien en coche ya que es muy grande. Una de las cosas más chulas que se pueden hacer es bañarse en varias pozas con preciosas cascadas. Hay muchas y todas son chulísimas.

El 2 de agosto llegamos al parque, dejamos las cosas en el hotel y la dueña nos explicó qué se podía hacer y nos dio un mapa. Fuimos a explorar un poco y vimos que había muchas actividades acuáticas como motos de agua (muy muy caras), paseos en barquito y montar en “banana” tirada por un barco. Nos pareció muy caro y que no valía mucho la pena así que decidimos ir a explorar el norte del parque y ver algún pueblecito.

Las “termas” de Vila Do Gerês

Fuimos con el coche a Vila Do Gerês que es el pueblo con más vidilla y donde nosotros recomendamos alojarse porque está mucho más cerca de todo lo que se puede hacer en el parque. Hay hoteles muy chulos y puestecitos y restaurantes. Habíamos leído algo de unas termas y nada más llegar al pueblo vemos que hay un hotel que tiene un Spa con agua de las termas y también un parque en el que dicen que hay piscinas con aguas termales. Teníamos calor y nos pareció un buen plan. ERROR. Cobran 2 euros por persona y aunque el parque y el entorno en el que están son muy bonitos, en realidad son unas piscinas normales y corrientes con agua tratada con cloro. Si buscas eso, genial. Pero que no te engañen con el rollo de aguas naturales y termas porque no tienen nada que ver. De todas formas nos dimos un baño muy refrescante que nos sentó la mar de bien.

La francesinha de Vai Vai

Ya era muy tarde así que decidimos comer en el pueblo. Fuimos al VaiVai Gerês, un restaurante muy barato de comida nada saludable pero bastante rica. Probamos las famosas francesinhas, un plato típico portugués que más bien es una bomba. Eso sí, una bomba muy rica. Seguimos nuestro camino y pasamos por la presa Campo de Gerês, que tiene unas vistas muy bonitas del estanque. Continuamos hasta Brufe, un pueblecito situado en lo alto de la colina que tiene un restaurante llamado O Abocanhado con unas vistas espectaculares del parque. Nosotros no cenamos allí porque tenía pinta de ser bastante caro, pero que nos dijeron que era buenísimo. Por último, llegamos a otro pueblecito que no tenía cobertura ni restaurantes ni prácticamente nada, pero estaba repleto de hórreos y nos pareció muy bonito. Dimos un paseo entre calles desiertas y aquello parecía un viaje al pasado. Finalmente volvimos y cogimos unos bocatas (eran las 22:00 y nadie nos daba de cenar) para tomarlos en nuestro hotelito que era tan bonito.

La ruta que seguimos

Al día siguiente (3 de Agosto) nos despertamos en nuestro preciosísimo hotelito y disfrutamos de un rico desayuno antes de irnos a hacer una ruta caminando por el parque. Elegimos la del Trilho da Preguiça porque era corta (2-3horas) y estaba bien señalizada y relativamente cercana a donde estábamos. Nos pusimos a caminar siguiendo las señales (está bastante bien indicada). La ruta es preciosa, con unos paisajes increíbles, todo verde, nada de gente y aunque es corta (5km), hay bastante desnivel y alguna cuesta, cuesta, pero vale la pena. Nosotros la completamos en 2 horas y como teníamos mucho calor fuimos a la Cascata do Homem, que está en el norte del parque y era el lugar perfecto para un buen chapuzón. El sitio es muy espectacular, cuesta un poco bajar por las roquitas (recomendamos llevar escarpines) pero es muy divertido. La cascada no es nada grande pero está bien y crea una poza la mar de mona donde puedes darte un baño muy agradable. Ya eran las 6 de la tarde, pero nosotros que somos unos inquietos fuimos a la otra punta del parque a ver otra cascada, la Cascata do Arado. Esta cascada es mucho más bonita, sobre todo vista desde arriba. Es muy muy grande y con varios niveles. El agua estaba realmente fría pero aún así nos bañamos y nos lo pasamos genial.

Ya se nos había hecho muy tarde otra vez y no pudimos ir a ningún restaurante decente y tuvimos que conformarnos con el pequeño restaurante de La Marinha de Río Caldo (donde habíamos comprado los bocadillos). Pedimos una hamburguesa que fue la peor que habíamos probado nunca.

Guimarais

Al día siguiente madrugamos, desayunamos y pusimos rumbo a nuestra siguiente parada: ¡el coqueto pueblo de Guimarais! (4 de agosto)

Plaza Largo de Oliveira

Guimarais es el perfecto ejemplo de ciudad típica histórica del norte de Portugal, un lugar coqueto y bonito donde pasar un día recorriendo sus callejuelas empedradas, disfrutando de sus placitas y admirando sus edificios históricos.

Nosotros pasamos una noche en la ciudad en un hotel muy bonito que daba a la plaza principal. Lo hicimos así porque nos apetecía irnos moviendo por la zona en vez de pernoctar solo en Oporto, pero desde luego este es el lugar perfecto donde hacer una excursión de un día desde la gran ciudad. Elegimos el hotel Toural y ¡qué gran elección!. Está súper céntrico, la habitación muy chula, muy amables y en general todo bien.

Dio la genial casualidad de que cuando fuimos eran las fiestas y había muchísimo ambiente, un desfile de caballos en la plaza y una feria de las de toda la vida (que a mi me encantan).

Llegamos por la mañana, dejamos las maletas y nos fuimos a ver el casco histórico. Me encantaron sus plazas con muchas terrazas, muy bien cuidadas. Me resultó un lugar muy acogedor y con muchos rincones bonitos. En la Plaza Largo de Oliveira estuvimos un buen rato haciendo fotos al curioso arco que la corona. Luego fuimos a ver el Palacio de los Duques de Braganza, inspirado en la arquitectura noreuropea del siglo XIV. El austero interior ha sido restaurado y está lleno de mobiliario y ornamentos del siglo XVII. Por fuera es muy bonito, por dentro… para mi, bastante prescindible. Si no eres un apasionado de la historia y das valor a cosas como tapices, espadas o jarrones, no creo que vaya a enamorarte. Aún así una visita muy amena y nada pesada. Compramos la entrada conjunta para ver el palacio y el castillo que se encuentra un poco más arriba y costó 6 euros.

Palacio de los Duques de Braganza

El antiguo castillo de Guimarães, defendió a la ciudad de los ataques de árabes y normandos. El pequeño castillo es una ruina parcial que se alza en la cima del Monte Largo. Es muy bonito y si entras podrás subir a sus torres y observar la ciudad desde sus almenas. En la torre central hay paneles explicativos sobre el castillo y su historia. De nuevo, un lugar muy bonito y fácil de visitar pero tampoco os va a enamorar. Por supuesto, si vais a Guimaraes, lo suyo es visitarlo.

Después de haber visto lo más relevante de la ciudad, tocaba comer y lo hicimos en un sitio que no nos gustó demasiado, el Résvés. Era muy caro y la comida tampoco era una maravilla. Si vais en temporada alta, os recomiendo reservar porque estaba todo llenísimo.

Fuimos a echarnos una buena siesta porque si hay fiestas ¡Yo no me las pierdo!. Cenamos en una placita muy mona, sentados en una terraza en la que por cierto pasamos un poco de frío porque bajan mucho las temperaturas por la noche y no estuvo mal. Probamos una cerveza negra portuguesa buenísima. Luego fuimos a las fiestas donde lo pasamos muy bien, tomamos un mojito y montamos en los coches de choque. ¡Un día perfecto!

Aveiro

Y tocaba cambiar el rumbo de nuevo. El 5 de Agosto, después de desayunar, cogimos el coche y fuimos a la Venecia portuguesa: Aveiro. Llegamos al Aveiro Rosso Hostel B&B, un hotel monísimo, muy cerca del canal, con una decoración preciosa y un salón-cocina donde apetecía pasar el día entero. Ya era casi la hora de comer así que dejamos las maletas y fuimos a buscar un sitio donde llenar nuestras barriguillas. Y la cosa no fue fácil. Todos los sitios estaban llenos o no nos atendían y acabamos en un Telepizza que cumplió su función y oye, por lo menos fue barato.

Aveiro es una ciudad pequeña, muy pintoresca y curiosa que fácilmente se puede visitar en un día (sin entrar en museos, claro). Tiene mucho ambiente y es una ciudad alegre por la que da gusto pasear. Por supuesto, comenzamos por los canales y contratamos una excursión para recorrerlos en una de las barquitas típicas portuguesas, llamadas Moliceiros que se utilizaban para transportar una mezcla de algas que se usaba como fertilizante. El paseo nos gustó. El guía era muy simpático e hizo el recorriodo muy ameno. No se ven grandes cosas pero es una actividad entretenida. Cuesta 10 euros y dura 45 minutos.

Al terminar el paseo fuimos a caminar por el centro, callejeamos, y disfrutamos de la preciosa arquitectura de la ciudad. No entramos en ningún museo porque no disponíamos de mucho tiempo, pero aún así lo pasamos fenomenal. Nos tomamos un rico creppe y un heladito en una cafetería cercana al canal y nos fuimos a descansar y dar una ducha.

Ya por la noche, teníamos hambre y nos apetecía algo de pescadito. Nos sentamos en una terraza frente al canal cercano al mercado, en el restaurante A capela y pedimos un “mix” de pescados y marisco que no estuvo mal, pero tampoco nos encantó. Aún así, la noche era preciosa, hacía buen tiempo, el día había sido muy completo y nos estábamos tomando una cervecita mirando las estrellas y junto al canal. Todo iba bien.

Playa da Costa Nova

Al día siguiente dejamos el bonito B&B no sin antes probar el delicioso desayuno buffet con muchos quesos con mermelada casera y ricos croissants de mantequilla. ¡Qué rico!. Cogimos las maletas y ¡Nos fuimos a la playa!. Por suerte para mi, la playa quedaba más o menos de camino a Oporto y no podía dejar pasar la oportunidad de darme el último baño del verano. No hacía mucho calor ni pegaba especialmente fuerte el sol pero ¿Qué más da? La playa es preciosa igualmente.

Llegamos a La Playa da Costa nova donde aparcamos con sorprendente facilidad. Se trata de una playa larguísima larguísima con arena blanca y fina, mucho viento, mucho oleaje y un caminito de madera que recorre gran parte de ella. Esta playa también es famosa por sus casas de rayas de colores que podrás encontrar en las calles colindantes. Son muy bonitas y podrás hacerte unas fotos bonitas bonitas.

Paseamos un poco, disfrutamos de la brisa del mar, dejamos las cosas en la arena y yo me fui al agua. Estaba realmente fría (a unos 17 grados) pero muy limpia y de color verde mar. A mi el baño me sentó de maravilla y me enamoré mucho de esa playa. Jorge sigue prefiriendo las cómodas y tibias aguas ibicencas. Si vais en verano, yo recomiendo muchísimo hacer una paradita aquí, pasear, tomar algo en uno de sus bonitos chiringuitos y por supuesto darse un buen chapuzón.

No te pierdas el siguiente artículo donde contamos nuestra experiencia en Oporto y como aprovechar los días en una ciudad súper turística.

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