Oporto en verano

Como disfrutar de Oporto y alrededores en temporada alta

Después de conocer los encantos del Norte de Portugal (pueblos, playas, parques nacionales…) por fin pusimos rumbo a Oporto. Aquí os contamos nuestra experiencia:

Día 1 (6 agosto)

Llegamos a Oporto más o menos a la hora de comer, pero aún no podíamos comer porque teníamos que dejar el coche en el aeropuerto (como odio coger y dejar los coches de alquiler). En principio esto debería haber sido muy rápido, pero no fue así. Cuando revisaron el coche los de Guerin nos dijeron que faltaba una pieza que supuestamente debía estar en el maletero (algo para hinchar la rueda si se tiene un pinchazo o algo así). Nosotros ni sabíamos que existía esa pieza y al estar “desaparecida” se supone que no nos devolvían la fianza. Tuvimos que esperar, poner una reclamación y enviar varios emails a la vuelta hasta que por fin conseguimos que nos devolvieran la fianza varias semanas después. Un rollo, vamos.

Pedimos un Uber y por fin fuimos al hotel. ¡Y menudo hotel!. El Zero Box Lodge es un hotel completamente distinto a lo que estábamos acostumbrados. Reconstruido sobre lo que en su día fue un banco, está formado casi completamente de hormigón, con detalles en madera y una decoración de contrastes. Cuando llegas y haces el check-in te dan la llave de la habitación colgada del cuello de una cerveza personalizada con el logo del hotel. Hay cuatro plantas de habitaciones y la quinta es un restaurante diáfano con mesas y sofás en el que se come muy bien. En esa misma sala ¡hay una sala de cine!. Sí, como lo leéis, es una salita con puffs en el suelo y un proyector donde los clientes pueden conectar sus móviles y proyectar lo que quieran. ¡Un puntazo! y subiendo unas escaleritas exteriores desde esa planta se llega a la azotea donde hay tumbonas, una barra de bar y dos “tanques” de agua donde darse un chapuzón. Pero falta lo mejor: las habitaciones. Y es que son ¡Cajas! Cada habitación es como una cajita hecha completamente de madera, con un baño en hormigón y con una ventanita en el techo que da al pasillo por el que se entró a la caja. El espacio es pequeño pero es muy curioso sentir que estás en una cajita completamente cerrada. Yo no sentí claustrofobia en ningún momento y la verdad es que dormimos muy bien, aunque supongo que si pasas mucho tiempo en la habitación o te quedas muchos días, quizás si se puedas sentir algo más de agobio. Para mi fue una experiencia súper chula y me encantó que el hotel ofreciera mucho más que una habitación donde dormir. Por cierto, también hay una sauna gratis para los clientes. Muy completo.

Habitación de Zero Box Lodge

Despúes de alucinar con el hotel y comer una rica hamburguesa en el restaurante de la quinta planta, tocaba recorrer la ciudad. ¡Qué bonita es Oporto! Creo que llevábamos tres calles y ya me había enamorado. Qué edificios más bonitos, qué decadencia con estilo, qué locales tan curiosos y qué apetecible todo. Me fascinó.

Iglesia de los Clérigos

Comenzamos yendo hasta la Iglesia de los Clérigos que ya estaba cerrada y solo la vimos por fuera, seguimos hasta la librería Lello (de la que os hablaré en detalle más tarde) para la que había mucha cola. Compramos las entradas para el día siguiente y seguimos caminando hasta la Plaza de la Libertad, la más importante de Oporto. Luego fuimos a la estación de trenes San Bento, uno de los grandes tesoros de la ciudad. Su hall decorado con más de 20.000 azulejos en los que se relata la historia de Portugal. Una maravilla. Salimos de la estación y bajamos por la rúa de Mousinho da Silveira y seguimos recto por la rúa da Alfándega hasta llegar a la orilla del Duero. Ya era de noche y el cielo estaba oscuro. Los puentes que cruzan el río estaban iluminados y pudimos disfrutar de unas vistas maravillosas. Dimos un paseo por la orilla, y volvimos a subir porque los restaurantes cercanos al río estaban llenos y parecían muy caros. Cuando llegamos a la zona de restaurantes del centro eran ya más de las 10 y muchos tenían la cocina cerrada. Así que ya sabéis, id pronto. Acabamos en una vermutería donde tomamos una bandeja de queso y embutido portugués, muy rico, y unos ojaldres con gorgonzola y pera, también muy ricos. Un sitio muy recomendable.

Día 2

Al día siguiente madrugamos y desayunamos en el hotel. No nos pareció nada del otro mundo así que si os alojáis en el Zero Box mejor salid a desayunar por ahí. Teníamos la intención de subir primero a La Iglesia de los Clérigos, pero cuando llegamos y nos pusimos en la cola nos dijeron que después de comprar las entradas teníamos aún 45 minutos de espera para comenzar a subir las escaleras. También nos dijeron que la única manera de no esperar tanto era ir a las 10 de la mañana. Esta iglesia fue construida entre 1735 y 1748 en un estilo barroco y está coronada por la Torre de los Clérigos y en realidad para lo que se paga es para subir a esta torre y poder disfrutar de las vistas; el resto de la iglesia es gratuita y no hay que esperar cola. Nosotros decidimos no subir porque íbamos a estar poco tiempo en la ciudad y no creíamos que nos mereciese la pena hacer tanta cola. Al día siguiente encontramos otro lugar con unas vistas preciosas (os cuento más adelante) así que no nos arrepentimos de no subir.

NOTA: si vas a Oporto en verano prepárate para encontrarte una ciudad llena de gente y muchas muchas colas para todo. Piensa en que te apetece más invertir tu tiempo.

Decidimos bajar hasta el Duero y cruzar a Vila Nova de Gaia, localidad vecina de Oporto donde están situadas las tan famosas bodegas de vino y donde se pueden contratar los paseos por el río. Antes de cruzar se puso a llover y fuimos a comer a Arcos das Verdades, un restaurante que encontramos en El tenedor y en el que comimos un delicioso revuelto de bacalao y una cervecita por 8 euros cada uno. Caminamos un rato y cruzamos el puente de D.Luis a la localidad vecina. Contratamos la excursión en barquito para recorrer el Douro pasando debajo de los cinco puentes. En realidad lo hicimos porque no teníamos muy claro qué hacer ese día, el tiempo estaba raro, había llovido y ya eran las 5 de la tarde. El paseo en barco está bien pero tampoco nada formidable. Agradable sin más. Después fuimos al Portocruz, una de las bodegas de la zona a probar un vino (nos invitaban con la excursión) y la verdad es que no nos gustó nada. Eso si, el edificio muy chulo y desde la azotea hay vistas muy bonitas.

Tras el vino cogimos un uber que por 10 euros nos llevó a la librería Lello. El día anterior compramos las entradas y ya no podíamos ir en otro momento. Nosotros habíamos leído que era una visita imprescindible y en los dos días que llevábamos ahí no habíamos dejado de ver crecer la cola para entrar en tan aclamada librería. A nosotros también nos tocó esperar como una hora y cuando conseguimos cruzar las puertas…. fue una completa decepción. No es más que una librería bonita, con unas escaleras centrales que luego se convierten en caracol, todo en madera y con vidrieras en el piso superior. ¿Una librería bonita? Si. ¿Una librería por la que vale la pena pagar 5 euros y esperar una hora de cola? Desde luego que no. Por no hablar de que una vez dentro te encuentras con una marabunta de gente intentando caminar y hacerse absurdas fotos con libros y objetos que no te deja ni ver la estantería que tienes en frente. También se habla de que en ella se grabó una escena de Harry Potter y es mentira, como mucho pudo ser que JK Rowling se inspirara en ella para crear la librería del famoso callejón Diagon. Aún así, la librería se aprovecha de esa falsa creencia y tiene toda una sección dedicada a Harry Potter. No entiendo como un sitio así ha podido hacerse tan famoso y aparecer en todas las guías. A mi me pareció el mayor timo de Oporto. Yo os recomiendo que no vayáis y mucho menos si es temporada turística y está tan a tope. Seguro que donde vivís hay librerías preciosas que no conocéis que venden libros en vuestro idioma y no parecen una atracción de feria.
Muy enfadados volvimos al hotel y descansamos un ratito.

La mejor forma de disfrutar de la Librería Lello, con una foto de Google

Para cenar bajamos al restaurante de la planta baja del hotel que aunque no pertenece a este, si están comunicados, el O carnicero; un lugar muy especial, situado en lo que era un banco y completamente reconvertido, con una decoración de lo más curiosa y un ambiente cálido y cautivador. Se especializan en carnes aunque todo tenía un precio muy elevado, nos llamaba la atención y si todo estaba bueno, podía valer mucho la pena. Lástima que no fuera así. La atención fue muy deficiente, se equivocaron con la cuenta y pasó casi una hora desde que trajeron el entrante hasta que nos pusieron el segundo plato, que, aunque estaba rico, era algo escaso. Desde luego no repetiríamos

Día 3

¡Último día en Oporto! Una pena porque nos estaba encantando. Ese día nos lo tomamos bastante con calma. Fuimos caminando tranquilamente hasta los jardines del Palacio de Cristal. Un parque muy grande con distintos parquecitos dentro por los que pasear y disfrutar de todos los animales que ahí viven: pavos reales, gallinas con sus polluelos, gallos peleándose, gaviotas pardas, patos…, mucha vegetación y, sobre todo, vistas espectaculares de la ciudad y el río. Pudimos pasear tranquilamente y fue uno de los pocos sitios donde no había casi gente y podrás encontrar varios miradores con unas vistas inmejorables de la ciudad y además gratis. Luego nos dedicamos a pasear un poco por la ciudad y fuimos hasta el Mercado do Bolhão que estaba completamente en obras y lo habían trasladado a otro sitio, que aunque estaba bien, creemos que no tenía nada que ver con lo que es el auténtico mercado. Y después de tanto pasear, fuimos al hotel y nos pusimos un capítulo de la tercera temporada de la Casa de Papel en la sala de cine, cogimos las maletas y fuimos a coger el bus con Flixbus otra vez para volver a casa.

Jardines del Palacio de Cristal

Y hasta aquí nuestra ruta por Oporto. Como conclusión hemos de decir que pocas veces hemos visitado una ciudad tan llena (maldito agosto!) y que nos dejamos muchas cosas “imprescindibles” en el tintero. Eso si, paseamos mucho, nos alejamos de las multitudes y disfrutamos de la ciudad a nuestra manera. ¡Incluso barajamos la opción de contratar un wehatetourismtours.com! (¿alguno lo habéis probado?).

Esperamos poder volver a Oporto en una época menos vacacional y visitar en profundidad alguna bodega, el Palacio de la Bolsa, hacer un tour de un día entero por el Douro, o subir a la famosa torre de la Iglesia de los Clérigos. ¡Seguro que es pronto!



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